¿Quiénes de los presentes en la pasada embarcación de la Virgen del Carmen del Puerto de la Cruz se sorprenden del espectáculo de agua, luz, color y olores que se vivió en esa celebración? Desde hace muchísimo tiempo, los que amamos y respetamos nuestra auténtica tradición del embarque advertíamos a nuestras autoridades del peligro de deterioro cívico que observábamos un año sí y otro también en nuestras queridas fiestas, pero o estaban ciegos o sordos. Y, como siempre, tanto va el cántaro a la fuente que al fin se rompe.
¿Creen Vds. mínimamente permisible lo que se vivió en las calles, plazas y jardines del Puerto de la Cruz en la pasada fiesta? Los que allí acudimos nos sentimos desplazados, insultados, maniatados e impotentes como ciudadanos, víctimas de una joven y no tan joven muchedumbre, cuya presencia allí no se justifica por su devoción hacia nuestra Virgen del Carmen; no nos confundamos: sus objetivos son otros, totalmente diferentes a esas "anticuadas costumbres"; sus objetivos son claros como el agua: meados y cervezas utilizados en las cargas de sus pistolitas; gozar plena y salvajemente de alcohol, sexo, defecaciones y orines, conseguidos ante la pasividad y permisividad de nuestras autoridades, algunas, más preocupadas por la seguridad del presidente del Gobierno de Canarias que por las innumerables violaciones al respeto e intimidad de los derechos ciudadanos, asistentes a esta fiesta.
Juan Jesús Carballo González
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